Es evidente que tanto diseñadores como creativos tenemos talentos y habilidades que nos hacen mejores frente a ciertas actividades o escenarios y no siempre respondemos de la misma manera frente a los retos que se presentan en el día a día.
Lo anterior toma forma, cuando nos ponemos frente a un tipo de proyecto que nos representa un reto de mayor embergadura por el hecho de no estar bien preparados para asumirlo.
No todo diseñador gráfico (por serlo) tiene la capacidad de hacer un logotipo, un buen web site o piezas gráficas efectivas. De hecho, conozco diseñadores gráficos que se les da con mucha facilidad crear interfases web y otros con gran habilidad para el diseño de piezas gráficas para impresos pero, en casos puntuales, uno no logra lo otro con facilidad.
Lo que sigue, es simplemente una pequeña guía que puede ser de mucha ayuda en el momento en que “perdemos el norte” de un proyecto creativo. Cuando nos “saturamos” y perdemos el tacto con la piel de la idea ganadora es cuando salimos a dar una vuelta, nos paramos de cabeza, comemos sin parar o le damos un giro a la moneda. Todo esto es útil y cada quien tiene su forma de lograr la conexión o reconexión con el enrutador pero, lo que nunca se puede perder, o que siempre deberá estar presente son las bases que nos permiten visualizar desde arriba el proyecto con todas sus variantes.
1. Conocimiento del cliente. Una buena documentación es la base para estructurar proyectos ganadores. Tanto los diseñadores y creativos de pequeñas agencias, boutiques y estudios, como los freelances, si no lo tienen, deben adquirir el buen hábito de trabajar con brief (en las agencias estructuradas y para los freelances experimentados, esto no es negociable). El cliente se acerca a nosotros porque tiene una necesidad y nuestra misión es generar beneficios, bienestar. El “abordaje” al cliente es tal cual como el que se hace a una mujer o un hombre que nos gusta mucho: con cautela, cazando información, pensando en cada variable, con plan (me disculpan el ejemplo pero de momento no se me ocurre uno mejor).
2. Conocimiento del sector. La profundización en el conocimiento del sector al cual pertenece el cliente sienta unas bases conceptuales estratégicas para lograr el objetivo y evitar reprocesos que entorpecen y encarecen la operación. Por ejemplo, el desconocimiento que en piezas gráficas para una empresa del sector alimentos, el color verde como predominante denota “podrido” (si así fuera), haría de la inversión de tiempo una gran pérdida para el equipo y una mala impresión para el cliente.
3. Conocimiento del estilo y filosofía de la agencia. Las agencias, al igual que cualquier compañía, tienen una forma de hacer las cosas, un color, un ADN que las hace especiales. Al igual que con el cliente, se debe entender y dominar esa forma de vibrar y de sentir.
4. Conocimiento del estilo y potencial propio. El broche de oro está en el conocimiento de nuestras inclinaciones, limitantes y potencialidades. Es difícil que una pieza gráfica no lleve la “pincelada” propia del creador, más allá de brief, más allá de cualquier directriz. Por lo tanto debe estar siempre presente (claro en la mente) que el estilo personal o la magia del individuo jamás estarán por encima ni predominarán sobre el trabajo o estrategia colectiva y, mucho menos sobre los sueños de quien nos ha contratado: el cliente.
Si éstos cuatro puntos entran al cuerpo de forma intravenosa y permanente, muy seguramente (si se acompaña de altas dosis de creatividad) jamás veremos puertas cerradas, siempre estaremos frente a un campo abierto, con paisaje y clima propicio para construir historias inolvidables.
- Carlos Cortés -
Puede leerse en el web site de Carlos Cortés.












